(Por Alan G.)

Al día de hoy, los datos oficiales nos informan que hay 387 casos de infectados de coronavirus en Argentina, y que han fallecido hasta el momento, ocho personas. Los pronósticos son alarmantes, y basta con ver cómo el virus fue desarrollándose y mutando en otros países, causando estragos brutales que han sido motivo suficiente para implementar una cuarentena obligatoria y preventiva, que aún sin ninguna confirmación por parte del presidente Alberto Fernández, todo encamina a que va a ser prorrogada.
Este peligro ha sido totalmente inesperado para la Argentina y para el mundo. Ha sido difícil de prever su avance y las prioridades han sido drásticamente sustituidas por esta única preocupación: combatir al coronavirus. 
Una de las tesis de Ulrich Beck es que las sociedades de riesgo generan situaciones sociales de riesgo. Contienen un efecto boomerang que trasciende el esquema de clases. Nadie está seguro de nada. Ni los más ricos ni los más poderosos. Se trata de peligros no solamente de la salud, sino también referidos a la legitimación, la propiedad y la ganancia.
Esta nueva amenaza opaca aquellos riesgos de la globalización que fácilmente podemos constatar, como la carrera armamentista, el desarrollo de la energía atómica y el armamento nuclear, la contaminación ambiental, el calentamiento global, la destrucción de la capa de ozono o el terrorismo. El coronavirus ha relegado todo otra cuestión que pueda ser parte de la agenda mundial, uniendo al mundo en una misma causa común, con algunas diferencias en las formas de lidiar con el asunto, pero sin poder evitar que sea lo más relevante.
Por el momento, no hay nada seguro para afrontar el coronavirus con total éxito. No hay medicamentos ni tratamientos indicados por la OMS para esta pandemia, y más allá de algunos que han sido noticias, anunciando la cura definitiva al virus, aún no hay nada en concreto que cuente con la aprobación de la gran parte de la comunidad científica global. 
Para concluir, no es posible de llegar a una certeza del efectivo comportamiento que seguirá este virus, pero podemos aseverar que esta guerra contra el COVID-19 nos demanda a todos, nuestra cuota de responsabilidad, y a todas las autoridades estatales, una extrema prudencia. Cuidar a todos aquellos para prevenir y curar esta enfermedad, como a su vez, de seguir atendiendo todas las necesidades básicas de la gente, articulando políticas urgentes para las personas que se encuentran en mayor situación de vulnerabilidad.